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lunes, 14 de octubre de 2013

Las plantas invasoras en la jardinería urbana de Valencia.


Las plantas invasoras son aquellas que siendo exóticas de la región en la que se han instalado, encuentran unas condiciones ambientales que les permiten proliferar de tal forma que logran desplazar a las plantas autóctonas, alterando así los ecosistemas que invaden.
La principal razón por la que una especie se convierte en invasora es la ausencia de elemento alguno que controle su desarrollo (depredadores, plagas u otras especies competidoras por el mismo hábitat), junto con unas condiciones edafoclimáticas propicias (similares o más favorables que las de su región de origen).
A pesar de los estudios, publicaciones y normativas realizados al respecto, en los que se advierte y se demuestra la amenaza que suponen estas especies, en la práctica no se están siguiendo las directrices marcadas. Así, es posible obtener muchas de estas especies en viveros, se siguen empleando varias de ellas en jardinería urbana y son pocas las actuaciones que se llevan a cabo para su control y eliminación.
En el caso de la ciudad de Valencia es bastante habitual el uso de algunas especies invasoras en parques, jardines y calles, entre ellas destacan:
A pesar de que el uso de este tipo de plantas en ambientes urbanos pueda ser menos problemático en términos de invasibilidad, que en terrenos rurales o forestales, hay que tener en cuenta que los parques naturales próximos se pueden ver afectados. Además, existen otros problemas derivados, como las semillas y/o frutos venenosos de algunas de estas especies o las alergias que pueden producir en la población a causa del polen.

Acer negundo en alineación junto a carril bici.

Desde el punto de vista de la gestión del Servicio de Jardinería, las plantas invasoras van a comportar sobrecostes derivados de su control en las zonas verdes de la ciudad, dado que suelen colonizar terrenos con facilidad y tienden a desarrollarse de forma vigorosa. Como en muchos otros casos, la prevención va a ser la mejor medicina.

Ejemplares de Schinus molle en acera.

Aunque sólo fuese por motivos económicos (en los tiempos que corren alguna importancia tiene este aspecto) se debería ser más riguroso a la hora de seleccionar las especies en los proyectos de jardinería urbana. Es éste un sector en el que una adecuada gestión comportaría una importante reducción de gastos para las arcas públicas, sobre todo a medio y largo plazo.

Robinia pseudoacacia 'Pyramidalis' en mediana.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

¿Valencia es la tierra de las flores?

Así, pero en afirmativo, comienza el pasodoble compuesto por José Padilla en 1924. No parece que el autor fuese mal encaminado al incluir estas palabras en su obra. Y es que por aquel entonces Valencia no alacanzaba los 300.000 habitantes y ya disponía de espacios como el Jardín de Viveros, el Jardín de Monforte, el Parterre o la Alameda, entre otros.


Sin embargo, en la actualidad llama la atención pasear por algunos barrios de la ciudad sin que apenas topemos con alguna zona ajardinada; es el caso de los barrios de Russafa, Malilla o Torrefiel. Buscando datos, éstos no hacen más que confirmar esta impresión. Las comparaciones resultan sonrojantes. Según una encuesta llevada a cabo entre diversos Ayuntamientos de ciudades de España, y cuyos resultados aparecen en el libro La Empresa de Jardinería y Paisajismo (Serafín Ros Orta, 2006), el ratio de espacios verdes por habitante de la ciudad de Valencia es un tercio respecto a la media española (15,38 m2/hab). Además, Valencia tiene el dudoso honor de ser, junto a Málaga, Palma de Mallorca y Córdoba, una las ciudades con más de 300.000 habitantes que no alcanza los 5 m2/hab., muy lejos del mínimo de 10 que recomienda la OMS.



Por otro lado, según aparece en la Guía de Parques Históricos y Jardines Urbanos de la Ciudad de Valencia, en 2009 este ratio era de 5,2 sólo contando los grandes parques (ver prólogos), aunque, según la misma fuente, y en principio, siguiendo un criterio de clasificación similar al de la encuesta de 2006 (ver tabla), este valor alcanzaría los 19 m2/hab en cuanto se aprobase el nuevo PGOU. Claramente, algo no encaja.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los árboles en la ciudad.

¿Qué pasaría si todas las funciones que cumplen los árboles en la ciudad se pudiesen medir monetariamente?

Mejoran la calidad del aire: los árboles son agentes activos contra la contaminación atmosférica. Generan oxígeno, absorben dióxido de carbono y retienen los polvos y partículas que se mantienen en el ambiente.Con esto contribuyen a una menor incidencia de enfermedades respiratorias debidas a la polución.
Actúan como barreras sonoras: el follaje de los árboles actúa retrasando y deteniendo las ondas sonoras. Una menor contaminación acústica significa un menor estrés para las personas.
Influyen sobre el clima: aumentan la humedad del ambiente, disminuyen la temperatura, generan corrientes de aire, forman pantallas contra el viento, la lluvia, la nieve, el granizo y los rayos solares. Por lo tanto, plantados estratégicamente contribuyen a reducir el uso de los sistemas de climatización.
Reducen la escorrentía superficial; prevención de la erosión: facilitan la infiltración del agua en el subsuelo, ya que amortiguan la lluvia y reducen la velocidad de movimiento del agua superficial. Con ello contribuyen a reducir las necesidades de riego de las superficies ajardinadas, a mitigar problemas de inundaciones y se reducen los gastos en mantenimiento de las superficies de los parques.
Depuran las aguas infiltradas en el suelo: las raíces actúan como descontaminantes al retener nutrientes y agentes patógenos.
Mejoran la calidad paisajística de las ciudades: los árboles se constituyen como elementos fundamentales para armonizar el paisaje urbano, añadiendo diversidad y variedad de colores, formas y texturas, y contribuyendo a integrar diferentes estructuras de aspecto poco agradable. Los árboles y arbustos plantados en el entorno de una zona residencial pueden incrementar el valor de mercado de las viviendas de un 7 a un 20% (Wood 1999).
Sirven como alimento y lugar de nidificación para las aves: beneficiando a éstas y a los ciudadanos que pueden disfrutar de su presencia y sus cantos.
Constituyen lugares de descanso y relax para los ciudadanos: sin duda alguna no se entiende un pequeño parque de barrio sin la presencia en él de los árboles. Se ha comprobado que las personas que habitualmente se encuentran en zonas donde disfrutan de vistas y/o acceso a parques o zonas ajardinadas son más eficientes en sus tareas y se encuentra en mejor estado anímico.
Son muchos los beneficios que aportan los árboles, y más aún si su elección en cualquier proyecto urbanístico corre a cargo de un técnico competente. Lo que además, con toda seguridad, reducirá los costes posteriores de mantenimiento, tratamientos, reposiciones, etc. No podemos permitirnos el lujo de considerar los árboles (y el resto de plantas también) como meros elementos decorativos de aceras y jardines, como si de bancos o farolas se tratase.